lunes, 8 de mayo de 2017

3.-TARTESSOS


#TiempoDeRelatos
Texto y video realizado por Laura y Fatima

 
Angustias entra como siempre sin llamar al despacho de Salvador. Antes de que el subsecretario pueda tan siquiera quejarse, ve en ella el gesto que hace honor a su nombre. No es ni mucho menos lo habitual.
 -Es urgente? 
-Podría serlo.
 -Como siempre. Pase.
 Al alcanzar la mesa, Angustias le entrega un papel que acaba de recibir. Se fija en la firma, para saber de dónde viene el aviso.
 -¿Dónde está Ortigosa? 
-En Cádiz,-responde Irene,-resolviendo un asunto comercial con los fenicios. 
-Justo lo que me temía. 
Mientras Ernesto examina el documento, Salvador enciende el proyector para que todos puedan ver lo que acaban de recibir. Se ven letras abigarradas, algún garabato, palabras a medias. Fruto de las prisas con las que fue escrito. “Ruptura relaciones fenicios. NO se quedan, posible enfrentamiento”. -¿Cuáles son las consecuencias de que no se queden esos fenicios?-Pregunta Angustias, que sigue en un rincón. 
-Los fenicios eran los principales mercaderes de la antigüedad. Procedían de Tiro, una gran ciudad de Oriente Medio, y colonizaron territorios en todo el Mediterráneo, intercambiando mercancías de lujo por materias primas. En torno al siglo VII a.C., fundaron Gadir, bajo el casco antiguo de la actual Cádiz. Sin embargo, para que llegue a existir el asentamiento permanente, debe haber unas décadas o al menos un siglo de relaciones previas, sin incidentes. No se conoce mucho de las sociedades autóctonas anteriores, pero la cultura material posterior tiene claras influencias fenicias.
 -Y la escritura. 
-También. 
Una hora más tarde en el despacho de Salvador se conocen Julia y Ortigosa, los únicos agentes que se han salvado del gaseo de Darrow y que por tanto conservan su memoria intacta. Ortigosa está recién llegado de su último destino con una túnica hasta las rodillas y una especie de capa de lana desgastada sujeta con un curioso broche de bronce. Julia ya era muy culta y una experta en la historia reciente de España, sobre todo en lo que afectaba a la mujer. Las cronologías tan antiguas se le enmarañaban en la memoria. Este es el terreno de Ortigosa. Fenicios, romanos, íberos o celtas, se desenvuelve entre todos ellos como pez en el agua. Por eso, en esta misión es el jefe de patrulla. 
-Las cosas estaban tensas de por sí cuando llegué. Para la época en la que estoy, los fenicios ya deberían tener un mercado permanente en la costa, pero las élites indígenas están reacias. Creo que reciben información de otra parte y no aceptan nada más que alguna pieza pequeña por la que no quieren pagar lo debido. 
-¿Qué me dices de esto?-Pregunta Irene enseñando una diapositiva.
-Esto se tiene que encontrar en Sevilla. En coche queda cerca, pero... 
-Ha aparecido en un yacimiento en el sur de Francia. 
-¿Cómo que en el sur de Francia? 
Para entonces, Salvador ya está al teléfono. 
-Angustias, encuéntreme información sobre los fenicios en España. 
-Oído cocina. Minutos después, Angustias entra con un puñado de folios recién impresos que entrega a Salvador. Éste los ojea y reparte entre Ortigosa, Irene y Ernesto. 
-Todo ha desaparecido. El periodo orientalizante, las necrópolis, la cultura material... 
-¿La cultura material?-Pregunta Argamasilla. 
-Los trastos.-Aclara Julia. 
-Todo se localiza ahora en el sur de Francia. Lo que debería ser Gadir está ahora en Mónaco, los asentamientos, los puertos, templos... Hasta... Sí, resulta que Carthago Nova se localiza en los Pirineos franceses y Cartagena se llama Masti. Esto solo puede ser por un cese de relaciones, con las élites de Tartesos. O que los barcos se desviaran de su ruta en Ibiza o Cerdeña. 
-¿Qué se puede hacer? 
-La clave tiene que estar en la diplomacia. De una manera o de otra, los fenicios tienen que estar conformes con el pago, y quieren metal. Plata, bronce... El problema es que es muy valorado y los jefes indígenas no están dispuestos a comerciar con ello. Quieren pagar con trigo y conejos. Necesito a alguien que esté acostumbrado a tratar con gente de todo tipo y jefes políticos. Parecen pensar todos en la misma persona. 
Como excepción y por las circunstancias, Salvador da el visto bueno a que Velázquez les acompañe. 
-Pues ya tienen una misión. Tienen que ponerlos de acuerdo. 
Cuando llegan a la costa de Cádiz, ya hay una violenta discusión entre comerciantes y el jefe local, al que se reconoce por su actitud altiva. Sin embargo, en cuanto a ropa o adornos apenas podría distinguirse de Ortigosa. Diego se da cuenta entonces de dónde podría atacar para convencer de lo que le interesaría tener lo que traen. Entre lo que han desembarcado reconocen algunas de las cosas que han visto en las fotografías del despacho de Salvador. Algunas cerámicas decoradas, figurillas egipcias, tejidos y piezas de oro.
 -Preséntame al jefe y hazme de intérprete. 
Ortigosa, aunque recela de su confianza, accede. Los dos se llevan a un aparte al jefe local, después de pedir unos minutos a los molestos comerciantes. 
-Verá Argantonio, tenéis que dar imagen de prosperidad y fuerza ante otros jefes fronterizos. Si le ven así, como un granjero más, cualquier día podrían atacaros para acceder a vuestras minas. ¿Habéis pensado en qué harían con vuestra gente y vuestra familia? Os matarán a todos y ellos se quedarán con la plata, el oro y todo lo que quieran. Las próximas generaciones os recordarían como un hombrecillo débil, que no fue capaz de imponerse en la guerra. Sin embargo, si os ven con objetos extranjeros, del otro lado del mar verán que sois un líder a tener muy en cuenta y os respetarán. No osarán atacaros, al contrario, querrán estar a bien con vuestro pueblo y os agasajarán más. Evitaréis guerras y seréis recordado como un gran rey durante siglos. Solo tenéis que acceder a lo que os piden. 
Ortigosa fue traduciendo y la cara del interlocutor cambió de la negación absoluta a la curiosidad y finalmente a la aceptación. 
El botín le pareció suficiente. A final de la jornada, habían cargado en el barco lo que consideraron justo de plata y oro a cambio de vistosas joyas. Un grupo de fenicios, compuesto de artesanos, alfareros y un escriba fueron calurosamente acogidos en el poblado. 
-¿Argantonio? Se supone que era un mito. -Según mi información cuando llegué, iniciaría un clan líder que durará algunas generaciones. Sus sucesores no conseguirán eclipsarle e incluso alguno herederá su nombre, lo que dará lugar a que en las fuentes lleguen a decir que reinó cien años. 
Despacho Salvador. 
-Todo vuelve a Andalucía. 
(Salvador teléfono)-Estupendo, un buen trabajo. Vuelvan cuanto antes. Necesitamos a todos los agentes posibles en el Ministerio.





 TARTESSOS
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