miércoles, 10 de mayo de 2017

5.- LA MISION


Arte de @danizarzuelo


La saga de Camila Cortés
#TiempoDeRelatos
Isabel M Pasalodos

Parte 1 SALVADOR MARTÍ Y LA LEYENDA DEL MINISTERIO. Correspondiente al capitulo 4 de La justicia está en el Corazón

Todos aquellos que perseguíamos a la señorita que creía ser el general Cortés, pararon en seco, todos, excepto yo, que viendo el silencio que habían producido las palabras de aquella mujer no pude evitar contestarle:
-¿¡Y quien sois vos si puede saberse!?-
-Creo que quedo claro la primera vez que os lo explique don Alonso.-
-Me refiero que como diantres conocéis a don Salvador, y al Ministerio del Tiempo.- 
La chica sonrío y se acerco a nosotros un paso, cosa que hizo que sacará mi espada en dirección a ella.
-Baje la espada, por dios, podría arrebatársela de sus manos sin siquiera pestañear, llevadme ante él, y entonces sabréis quien soy.-

Mire hacía mis compañeros que se encontraban junto a mí, concretamente eran doña Amelia, Irene, y don Ernesto, eran los que pude avisar tras saber que la señorita Cortés había huido, dejando a Julián inconsciente.

Fue don Ernesto quien se decidió a hablar esta vez, dirigiéndose a nosotros:
-Creo que deberíamos llevarla al Ministerio, como ella dice. Conoce la entidad, quizás no lo recuerde demasiado, pero conoce al subsecretario, quien sabe, podría ser alguien importante.-
-Si, deberíamos volver al Ministerio, el problema es, ¿por donde?, recuerda Ernesto, hemos salido por la puerta principal y hemos aparecido aquí.-Dijo extendiendo sus manos.-

Entonces recordé, aquella muchacha había cogido el pomo de la puerta del ministerio, había cerrado sus ojos y la había abierto haciendo que por la puerta se saliera a un sitio totalmente diferente.
Mi rostro debió de cambiar por completo por la incertidumbre que me produjo pensar en aquel tipo de brujería, puesto que amelia se acerco a mi y me pregunto por mi estado.
La señorita Cortés también se dio cuenta y se miro las manos diciendo:
-He sido yo, lo siento, ahora lo recuerdo todo, mi cargo, el ministerio, y lo que yo significo para el, primero quiero disculparme ante vosotros, pero siempre que me dejan de nuevo en el ministerio me pasa esto, no suelo recordar nada sobre mi, excepto lo que hice justo antes del día de mi muerte. El día en que nací, para el ministerio del tiempo, de alguna u otra forma.-
-Perdone señorita Cortés, pero esta diciendo entonces que esta muerta?-
-No exactamente señor Alonso, es difícil de contar, supongo que nunca habéis oído hablar de la leyenda del ministerio del tiempo, ¿verdad?-
-¿La leyenda del ministerio?-Dijo Amelia.
La mujer pelirroja asintió.
-Si, bueno, os la puedo contar cuando volvamos al ministerio, pero antes me gustaría ir a ver a el señor Martí.-
-Pues tu dirás querida, por que la única que sabe como hemos llegado hasta aquí pareces ser tu.- dijo doña Irene.
La muchacha miró a su alrededor como buscando algo, y entonces señalo:
-Allí, de allí hemos salido, de la puerta de aquel pajar.-
-Es un pajar abandonado.-Dijo Amelia.
-Si, lo es, ahora al menos, si. Era mi pajar hace unos cientos de años, supongo. Pero tranquilos, no necesito el pajar, solo la puerta, acompañadme por favor.-
Mirándonos los unos a los otros con caras de desamparo e incluso de perplejidad, acompañamos a aquella mujer aún demasiado desconocida para nosotros a aquel pajar abandonado.
Era una puerta extraña, normalmente las puertas de pajares tenían tan solo un cerrojo y algunas un cerrojo, o algún tipo de candado, pero aquella tenía un pomo debajo del cerrojo.
-Bueno, es aquí, sin duda. Si no os fiáis de mi podéis leer lo que pone en el tirador de la puerta.- Dijo la mujer.
Todos nos acercamos con suma curiosidad, y vimos que efectivamente, había una inscripción en la que se leía:"tempore est id quod est"
-¿Que significa?- Preguntó Irene.
Aún estupefacto por lo que había leido Ernesto contesto:
-El tiempo es el que es.-
-Por las caras que ponéis diría que esa frase os suena.- Dijo sonriendo la señorita Cortés, después puso su mano derecha sobre el pomo, cerró los ojos un segundo y abrió la puerta por el pomo, al otro lado de la misma, se encontraban los arcos, y las escaleras en medio de todos ellos. Era el ministerio, sin duda alguna.


Parte 2 LA MISION (Tiempo de relatos) corresponde al capitulo 5 de La justicia está en el Corazón
Así pues y sin que nadie imaginara por qué conocía a Salvador y el ministerio del tiempo, me llevaron ante él, espere ante la puerta de su despacho durante más de media hora mientras su secretaria, Angustias, me interrogaba indiscriminadamente con la única finalidad de cotillear sobre mi vida.
Respondí a sus preguntas de forma corta y concisa hasta que vi a Salvador salir de su despacho, me levanté de mi asiento y grité:
-¡Salvador, cuanto tiempo amigo mío!- Este se quedó en el marco de la puerta, dubitativo y desconfiado.
-Lo lamento señorita pero no le recuerdo.-
-No, claro, cuando usted y yo nos conocimos aún era usted un niño como yo, solo en aquel orfanato de Madrid. Me adoptaron de bien pequeña  fue entonces cuando supe de la existencia del ministerio y que como mi madre adoptiva, yo debía ser la ministra del ministerio del tiempo.-
-¿Entonces como sabía usted que yo era el subsecretario?-
-Mi madre me lo dijo antes de morir, dijo que había uno nuevo en el ministerio de 2016, Salvador Martí.-
-Todo lo que dice es cierto pero hay algo que no me cuadra: Usted dijo que era de la misma época que Alonso.-
-Mis padres se mudaron a esa época tras adoptarme, la post-guerra, y los años posteriores no eran de su agrado- Dije sonriendo.
-¿Y cómo explica que usted sea más joven que yo?-
-Querido Salvador, tras adoptarme mis padres sin quererlo crearon un ciclo temporal, un bucle, en mi persona que me hace tener treinta y nueve años perpetuamente, cuando los cumplo muero y vuelvo a aparecer aquí, en el ministerio.-
-Entiendo, pase a mi despacho, hemos de hablar.- Asentí aceptando su ofrecimiento. Tenía unas ganas locas de sonreír, victoriosa, mas supe aguantarme y ocultarlas.
Al entrar cogí de la mano a Salvador y gracias al chip que Darrow me había implantado en las palmas de ambas manos lo sede, aun no podía creer las múltiples aplicaciones que llegaba a tener aquel aparato minúsculo. Creaba portales para viajar en el tiempo y sedaba si tocaba piel humana era algo impresionante, sin duda.
Cogí uno de mis pendientes y lo puse al lado de la oreja de salvador, dije las palabras: -Salvador Martí, Darrow project, y el dispositivo comenzó a hablar para hacer creer a Salvador que todas aquellas difamaciones eran ciertas y no solo eso, sino que además me diera pleno acceso a todos los archivos del ministerio como supuesta ministra de este.
Fui hacia la puerta para cerrarla con el pestillo correspondiente, sin embargo antes de que yo pudiera siquiera tocar el pomo, aquel funcionario alto y serio, Ernesto, abrió la puerta.
Me quedé paralizada presa del pánico, no era una asesina jamás había realizado una operación como la que ahora estaba intentando llevar a cabo pero debía hacerlo, la causa por la que me obligaron a ello era demasiado grande.
Así pues lo único que se me ocurrió en aquel momento fue ponerme de rodillas y suplicar, el funcionario sin embargo pareció no sorprenderse, miró hacia la mesa del subsecretario y sonrió diciendo:
-Lo ve Salvador, es sencillo saber cuándo te tienden una trampa.-
-Sin duda  Ernesto, aunque he de reconocer que yo no habría pensado en las manos de plástico.-
-Bueno, era de suponer que el dispositivo que le permite crear puertas estaba en sus manos, y puesto que Julián la examinó con detenimiento, no tendría ningún arma más que esta.-
Mis manos comenzaron a temblar, los miembros de Darrow, me habían avisado del castigo que el ministerio del tiempo ejercía a los traidores.
Me puse de rodillas ante Ernesto y no pude decirle otra cosa que:
-Por favor Don Ernesto, no me enviéis al penal de Huesca, no quiero pasar allí mis días, yo soy una mujer honrada, no hago esto por gusto, Darrow...-
Al oír aquella palabra el subsecretario se levantó rápidamente de su mesa y se acercó a mi, pidiendo que me levantará.
-¿Trabajas para Darrow?- 
-Me obligaron a hacerlo, ellos son los que han montado este teatrillo.-
-Explícanos la misión que te encomendó Darrow, desde el principio si no quieres que te enviemos a Huesca.-
Giré mi cabeza viendo a ambos hombres y dije:
-He de cumplir mi misión sino ellos...-
-¿Quienes?-
-Mi padre y mi hermano, Darrow los matará, a mi hermano ya le han cortado un dedo, me lo enviaron cuando al ofrecerme hacer esto por vez primera, me negué.- Dije notando como de mis ojos brotaban lagrimas.

-Esta bien, explícanos como narices han conseguido entrar de esta forma tan vistosa en mi ministerio.-
-La misión era excéntrica y presuntuosa, lo primero, miembros de Darrow entrarían al ministerio a través de ese mecanismo embrujado que todos llevan y que les permite viajar en el tiempo a su antojo, posteriormente robarían los planos del ministerio, supongo que tiene algo que ver con la prueba de ese gas que me permitió entrar al ministerio en esa excéntrica cama.-



-¡¿Gas?!-Dijo Ernesto.
-Si, gas amnésico, hace olvidar todo lo que se ha visto o vivido el día anterior. La primera prueba, me temo, fuera meterme a mi en este edificio, para demostrar que la substancia podía funcionar y entrar en el ministerio de forma suntuosa, de esa forma pusieron esa cama horrorosa y me hicieron vestirme con estos horribles ropajes.-
-¿Sabes si hay más de esa substancia?-Asentí con la cabeza, sin embargo ninguno de los dos parecieron creerme aunque me dejaron que continuará hablando.
-La misión tiene un gran equipo científico tras de sí, cuando me marché de Darrow, bueno, mejor dicho: me obligaron a marcharme, vi como trabajaban en  artefactos para usar mejor esta substancia, aunque no puedo deciros nada más, no tengo más información que la que me ofrecieron: la misión tiene un único y claro objetivo, hacerse con los planos del ministerio, y otros datos como hacer puertas, la capacidad de estas y por supuesto el plan culmina con la eliminación de este ministerio, aunque claro, no puedo hacerlo yo sola, pasado mañana...-
-¡¿Pasado mañana que?!- Dijo Salvador alterado.
-Atacarán este sitio.-
-¡Malnacidos!-Gritó Ernesto.
-No deberías habérnoslo contado.-Dijo Salvador preocupado.- No deberías haberlo hecho con ese aparato en la mano, no sabemos si nos están grabando o que se yo, o con estos pendientes.- Dijo sosteniendo en su mano el que yo había puesto en su oído.
Mis ojos se abrieron como grandes ventanas, mi respiración comenzó a acelerarse y entonces miré mi mano preocupada, notando el metal bajo mi piel de la palma.
-Van a matarlos.-Dije tapándome los ojos con mis brazos, y cayendo al suelo de nuevo, llorando apenada por mi familia.
Noté una mano en mi hombro, era Salvador.
-Te ayudaremos, no sé si dices la verdad pero si hay solo una ínfima posibilidad de que lo que digas es cierto, hemos de hacer dos cosas, Ernesto prepara a todos los funcionarios, especialmente a Espínola, hemos de luchar, y llama a Julián, hemos de ver cómo le sacamos a esta chica ese aparato de la mano.-
Ernesto asintió y dijo:
-En seguida jefe, me llevaré a Camila conmigo e iremos en búsqueda de Julián.-
-¡Gracias, mil gracias!-
-De nada Camila, pero has de prometerme algo, si Darrow viene como tú dices pasado mañana, lucharas con nosotros.-
Asentí con vigor y dije:
-Siempre y cuando salvéis a mi familia.-
-Lo intentaremos al menos, pero ten claro, Camila que aunque hubieras conseguido la misión de Darrow, los hubieran matado.-Dijo Ernesto.
-Mandaremos a la mejor patrulla.-Dijo Salvador

Asentí y marché junto con Ernesto, aún con lágrimas en mis ojos, producto del desazón y la preocupación al ser descubierta. 
  Parte 3 LUCAS (Tiempo de relatos)
Ernesto me cogió del brazo al salir del despacho y me dijo:
-Lo siento, Camila, no es que no crea tu historia sino que de momento, quiero tenerte controlada, fuimos juntos a ver a Julián este pareció sorprenderse muchísimo por mi historia y me miró ambas manos sorprendido:
-¿En serio llevas un aparato aquí?- Dijo palpando la palma de mi mano
Asentí diciéndole que fuera con cuidado, el aparato con el contacto de la piel humana, hacia emerger una pequeña aguja que perforaba mi piel y la del que me tocaba, inyectándole un sedante.
Julián cogió unas pinzas de metal y fue tocando mi palma hasta notar un sonido metálico.
-Tendría que operarte para quitar algo así.-
-Intente quitármelo hace unas semanas de ahí la cicatriz.- respondí.- Pero no sirvió de nada, está muy pegado, no sé como lo han hecho, creo que esta cogido al hueso.-
Tales palabras estremecieron a Ernesto que se puso blanco como el papel ante lo cual Julián respondió:
-Ernesto, tu hijo hace cosas peores.-
-Tal vez, pero no a si mismo.-
-Podría hacerte una radiografía.-
-¿Qué es eso?-
-Es como una fotografía de tus huesos.-
-¿Vais a abrirme la mano?-
-¡No!-
-No tenemos tiempo para esto, da igual, lo dejaremos así, pero llevarás guantes de cuero, no quiero que le des la mano a alguien y lo duermas.- Dijo Ernesto.
Asentí.
-Julián, Irene, Amelia y tu tenéis una misión, hemos de pararle los pies a Darrow, Alonso se quedará aquí, necesitamos guerreros, Camila también lo hará, pediré una espada a Espínola si te parece bien.-
-Siempre lucho con dos, así que preferiría que así fuera.-
-De acuerdo, y vamos al vestuario a ver si encontramos unos guantes.-
Aquellos guantes de piel eran magníficos, se engarzaban a mis dedos a la perfección, y poco a poco el ministerio fue llenándose de guerreros, y  la cama de Darrow fue quemada en el mismo patio.
Suplique a Salvador que intentara salvar a mi familia en esos dos breves días de plazo sin embargo, no fue posible, la sede de Darrow había cambiado de lugar, el paradero de mis familiares ahora era desconocido. La misión encomendada a Julián, Alonso e Irene fue en vano, los tres volvieron sin resultados.
El tiempo pasó y tal como Salvador planeó todos los guerreros del ministerio nos repartimos entre el patio, el archivo, la puerta principal e incluso en la cafetería.
El corazón me latía más rápido y fuerte que nunca, sabía que a Darrow le iban las entradas triunfales, entraron apareciendo en medio del patio, al lado de las escaleras, varios de ellos traían rehenes, dos de ellos, mi padre y mi hermano.
El hombre que sostenía a mi padre comenzó a hablar con aquel repulsivo acento inglés que caracterizaba a aquellos matones:
-Vaya, Camilita, pensamos que la general Cortés sería más lista que esto.-
Desenvaine mis espadas.
-Ehh, no tengas prisa.- dijo agarrando con fuerza el cuchillo que en la garganta de mi padre estaba apoyado, haciéndole un poco de sangre.
-Lucha con honor hija, no te importe mi vida.-
-¡Calla viejo!- Dijo él
-¿Qué queréis del ministerio?- Dijo Alonso.
-Lo queremos todo. En un principio todo empezó como un juego, hacíamos pequeñas visitas, gracias a las maquinas de humo, pero comprendimos que era mejor quedarse con todo lo necesario para copiar vuestro ministerio, y después destruiros- Dijo sonriendo.
De nuevo me miró a mí y dijo:
-Lucha con nosotros Camilita.-
-Jamás.-
-Vaya, parece que hay que darte otro aviso.- Sin más el hombre sonrió y clavo el puñal en la garganta de mi padre.
-¡NO!- Grité con fuerza alcé mis espadas contra él y así empezó la batalla, soltaron a los rehenes y allí todos comenzaron a luchar, cada vez aparecían más soldados de Darrow, aquella batalla parecía un esfuerzo inútil, sin embargo la destreza de mis compañeros era asombrosa.
Alonso y yo luchamos codo con codo como ya lo habíamos hecho años atrás, las hojas de las espadas silbaban de nuevo y nuestros rostros se tenían de sangre, finalmente los agentes de Darrow se retiraron.
Nada tenían que hacer contra grandes guerreros como Espínola, Alonso, y la capitana Cortés, los tres formábamos un gran equipo.


Arte de  Julie Orwell

Así pues, con el rabo entre las piernas, los agentes de Darrow se marcharon con sus brazaletes, diciendo:
-Volveremos, esto no es el final.-
Al acabar todo, caí al suelo, cansada, busqué a mi padre, corrí hacía él, sus ojos estaban abiertos y su sangre se mezclaba entre la del resto, cerré sus ojos entre llantos, luego busqué con la mirada a mi hermano, mas no pude encontrarlo entre la muchedumbre.
Noté una mano en mi espalda, Alonso:
-Sin duda sois vos, general Cortés, habéis luchado bien.-
-No lo suficientemente bien Alonso, podría haberlo salvado.-
Espínola se puso a mi lado y dijo:
-Vos habéis ayudado a salvar el ministerio, a salvar la historia de España, sois toda una heroína, me encantaría luchar a vuestro lado.-
Reí
-¿Bajo las ordenes de una mujer?-
-Si es una mujer como vos, no lo dudaría.-
-Gracias Espínola.-
El bajo su cabeza y dijo:
-Deberíais buscar a vuestro hermano, lo vi en aquel rincón.-Dijo señalando una esquina de la plaza.
Asentí y corrí hacía allí, definitivamente allí estaba.
-¡Lucas!-Grité al verle, este estaba asustado, estremecido. era mayor que yo, pero siempre había sido así, temeroso, aislado del mundo, supongo que tenía su propia forma de ver las cosas, no le gustaban los abrazos ni los besos.
Al verme, abrió los ojos y dijo:
-No me gusta el rojo.-
-A mi tampoco Lucas, es el color de la guerra ¿verdad?-
Él asintió asustado.
-¿Puedes levantarte?, te sacaré de aquí.-
Él empezó a gritar, como siempre hacía cuando estaba terriblemente asustado, con las manos en sus oídos, todo el mundo se giró para mirarnos, pero jamás me había importado lo más mínimo, entonces lo recordé, mi mano. Me quité los guantes, y sedé a mi hermano.
Cuando se hubo quedado dormido le abracé, mis lágrimas empaparon su hombro y susurré:
-Todo ha pasado ya, Lucas, estamos bien.-
Le pedí a varios funcionarios que lo levantaran, y lo llevaran a la enfermería, no tenía ninguna lesión pero Julián lo atendió encantado, le explique cuidadosamente como era y lo que debía hacer cuando despertara.
-¿Tu hermano es autista?-
-¿Que?-
-Oh, perdona, es especial ¿verdad?-
Asentí
-Siempre ha sido así, mi padre lo ha cuidado y querido hasta ahora, lo ha protegido incluso con la vida, pues fueron muchos los que intentaron encerrarlo en un manicomio o incluso peor, matarlo.-
Don Ernesto entro en ese momento a la enfermería  y dijo:
-¿Lucas, verdad?-
Asentí.
-Es autista, Ernesto, podríamos ayudar a esta chica.-
Miré a Ernesto y este dijo:
-¿Porque piensas que estoy aquí?-
-Camila, ¿te gustaría ser funcionaria de este ministerio?-
-¿trabajar para vosotros?-
-Así es, serás compañera de Espínola, una agente especial y a la que solo recurriremos si necesitamos alguien para batallar.-
Sonreí.
-Esto es el futuro ¿verdad?-
Ernesto asintió y dijo:
-Así es Camila.-
-De acuerdo, pero a cambio quiero ayuda para cuidarle.-Dijo señalando a Lucas, si esto es el futuro entonces deben haber nuevas tecnologías o incluso la cura para su carácter.-
Ernesto asintió y dijo:
-Esta bien, ¿tienes alguien en tu época?-
-Ahora ya no, solo a mi hermano.-
-Entonces podrías quedarte aquí, puedes vivir en uno de los pisos del ministerio, y así ayudaremos a tu hermano.-
-¿Que es un piso?-
-Es como una habitación con las cosas necesarias para vivir.-
Asentí,
-Acepto.-
Así fue como me hice funcionaria del ministerio del tiempo, como vencí a Darrow y como me convertí en una de las mejores espadachinas de cualquier época. Aunque como funcionaria que soy, esta es solo la primera historia que tengo que contar.


FIN
#TiempoDeRelatos


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